Háblame sucio

No teníamos nada, quizá algunas puestas de sol o los pocos momentos en la oscuridad en donde solo alcancé a conocer una pequeña parte de tu espalda, en donde mis piernas descansaron en medio de las tuyas y aquella noche, en la que despertaste y me cogiste con gran valor y entereza, como si te fueras a quedar, como si estuvieras seguro de lo que hacías. Tuvimos quizá  el sonido de la piel con la piel, de las embestidas furiosas pero siempre falsas, de las pláticas que ahora empiezo a olvidar o del aroma al que me empezaba a acostumbrar. Me faltó tiempo para mirarte a los ojos y pedirte que me hablaras sucio, no me atreví, porque creí que tendría otra oportunidad para estar arriba de ti y admirar aquel cálido momento en el que usarías la imaginación para decir algo que estuviera a la altura de mis expectativas.

Ahora estamos en la frontera de fuego, en donde se juega a intentar de nuevo, en donde la espalda se me quema con los rayos del sol y el agua se evapora en el filo de mi cadera. De este lado a todos les digo que me hablen sucio porque aún no pierdo la capacidad de sorprenderme. A veces me gusta como se encogen de hombres porque no saben qué decir, otras más, dicen lo que el porno les ha enseñado, nada nuevo. De este lado me tomo seis copas de vino y escribo oraciones sucias que seguramente usaré en algún momento, con otros hombres que me lleven a la cama con sigilosos engaños. 4150c65951f64e54b6e8d1bc813bbcc1.jpg

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Decirte lo que siento es como hablarle a la pared

La primera vez que vi una foto tuya con alguien más me quebré por completo; había salido a comer y por casualidad entré a instagram, fuiste la primera publicación. Esperé para llegar a casa para poder llorar y patalear, porque no entendía cómo habías olvidado todo tan rápido, entonces me vinieron a la mente tus palabras, los te amos, los para siempre. Ese día creí tocar fondo, me emborraché con botellitas de vodka, de las que dan en los aviones y lloré hasta muy tarde. Tuve que bloquear todo lo que sentía por ti, aunque las raíces se asomaran y rompieran el concreto, lo tuve que hacer porque esperar algo de ti era/es imposible. Poco a poco me empecé a decepcionar más y más de ti, hubo un momento en el que me dolía tanto que preferí que no escribieras. Otros días te quería como a nadie así como eras, y estaba dispuesta a compartir o al menos a que me dieras un poco de lo que te sobraba.

Ayer que vi tu foto con alguien más me volví a quebrar, algo dentro de mi terminó por irse a la mierda, como si me hubieran apretado el corazón y de paso una cachetada. Sé que no te duele lo que me pasa, porque todo fue tan rápido, tan intenso, incluso la desilusión. Me gustaría decirte que lo puedo soportar, que puedo verte con alguien más, pero por ahora no puedo. Si llegas a leer esto ten por seguro que te cuido en mi corazón, que nunca te haría daño, que en mi corazón ocupas un lugar muy importante y que cuando pase un tiempo y vuelva a estar bien te voy a seguir queriendo, incluso si me enamoro perdidamente, tú siempre estarás ahí, yo te cuido en el rincón más calientito, no espero lo mismo de ti, pero siempre te seré fiel.

Si algún día te vuelvo a ver, solo me gustaría abrazarte y preguntarte ¿por qué dejaste que te quisiera?. Me enojo porque quisiera que entendieras lo que siento, que me dijeras algo que me tranquilizara pero siempre haces todo lo contrario, te burlas y lo echas a perder. No me quiero despedir, pero sé que ahorita no nos hacemos bien. Tal vez en algunos meses las cosas cambien y pueda leer tus mensajes sin lágrimas en los ojos.

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Nunca fui suficiente

Desde ese día ya nada era suficiente, cualquier esfuerzo se había convertido en un gigantesco hoyo negro que se comía todo. Hace meses que no me veías, llegué a pensar que estaba muerta, me di cuenta que todo lo hacías igual, estuviera o no, que para ti daba lo mismo si me llamaba Lucia o cualquiera con otro nombre ¿Sabes que más descubrí?, que mis recuerdos contigo estaban encriptados en mi cerebro y se alimentaba de viejos y confusos momentos que quizá nunca fueron ciertos; ahora no sé si el Desierto de los Leones fue real o sin el pan tostado con mermelada que preparaste esa mañana fue tostado o blanco. Entonces ¿quién imaginó a quién?, no tengo idea cual de los dos no existe, mucho menos sé si algún día pueda volver a ser lo que era antes. Echo de menos mi color incandescente, mi sonrisa, mis ganas y por otro lado te echo de menos a ti, pero creo que también te perdiste en algún lugar del espacio o en un sueño y no alcanzo a verte ni a escucharte. De este lado grito lo más fuerte que puedo pero tampoco me oyes, pateo las puertas y las ventanas de este infierno y no encuentro nadie cerca para que me salve. A veces cuando llega la noche en este oscuro páramo me imagino tus brazos alrededor de mi cintura, entonces el páramo se ilumina por un momento, pero cuando abro los ojos no estás y una lluvia torrencial se desata. Tengo una voz en mi cabeza que me repite todo el tiempo “nada será como antes”, claro que nunca la escucho, pero créeme que siempre apunta como revólver, suerte para mi que no está cargado. Demostrarte amor, siempre fue mi tarea más difícil porque nunca te diste cuenta que cuando te veía a los ojos te estaba diciendo con todas mis fuerzas que te quedaras conmigo y que te amaba o cuando te hacía un té, o cuando buscaba tu pierna para que estuviera cerca de la mía, esossucesos imperceptibles para ti, no fuero nada. Si tuviera la oportunidad de volver a reescribirnos, el punto final lo habría puesto horas despuésde conocernos.tumblr_na31qjzicd1s1jgc6o1_500-1

El acto de morder una manzana y convertirlo en arte

Suena Alex Anwanter de fondo, a lo lejos un letrero que dice “jamón jamón”, en mi cabeza Javier Bardem en calzones blancos y Penélope Cruz haciendo magia en la parte trasera de un auto. Me acuerdo de ti, sé que no lo haré después de seis cervezas o de seis años. El grupo de modernillos baila “cordillera”; en la mesa hay tres mezcales de cítricos y un ácido cortado cuidadosamente con un cuchillo de plástico. Hago a un lado mi cabello mientras me como una rebanada de naranja, las gotitas caen tímidamente por mi escote, otras más aterrizan cuidadosamente en la comisura de mis labios.

Caminamos por las calles húmedas, llenas de piedras, un calor extraño recorre mi cuello como si una mano tibia jugueteara entre mi cabello y mi yugular. El bajío empieza a estar caliente, es el mezcal, somos nosotros. Paramos en el Famoso Bar Incendio, ha pasado una hora desde que nos comimos el ácido, me subo le escote y cruzo la pierna, estamos particularmente felices, quizá igual de calientes que unos morritos de secundaria. Platicamos de Santi Balmes, de su carrera como escritor, de su genio, de incendios de nieve; tres mezcales después hablamos de Cerati y Chabela Vargas; recuerdo su casa en Tepoztlán y su xoloitzcuintle. A la distancia siento la mirada de alguien, me hago a un lado el cabello, esta vez no lo esquivo, junto a nosotros hay una mesa de españoles, el calor del FBI me hizo voltear hacia uno de ellos , en cinco segundos me invento un affaire, una relación en donde todo es más sexo que amor, pero al final de la historia alguien de los dos se enamora y entonces el affaire se convierte en tragedia.

Tenemos las pupilas dilatadas, una bebida de colores me hizo bailar Safari, igual que en el video, pero con un poco menos de presupuesto y cadera. A él le bailo y alguien más le digo al oído que me gusta, su entrepierna cerca de mis piernas anuncian lo que más tarde sería el punto álgido de la noche. Entre sombras caminamos por la ciudad, la mitad de la gente ya no está, me río de algo, pero no me acuerdo si fue mi escena de celos o la peda que traigo encima. Lo único que sé hasta ahora es que nos subimos a un Uber, que probablemente pedí algo para bailar y que en medio de la noche hice el intento por quitarme el vestido para al menos dormir en calzones. La habitación se convierte en un plano infinito, a lo lejos las montañas hacen eco, el río habla y la noche murmura nombres desconocidos. Estamos acostados viendo un universo desconocido, mi espalda desnuda se ilumina cuando la llama de un cigarro se enciende; si hubiera una postal para congelar este momento sería la de nosotros cogiendo mientras alguien me pone el porro en los labios para que fume. Estamos haciendo trazos finos con lápiz de carbón, siento los dedos por mis piernas y por el filo de mi cintura, otros brazos firmes toman mi cuello, mientras, unos besos intermitentes sacuden mi cuello. El gemido se rompe cuando empieza a sonar Love Of Lesbian ¿habrá otra cosa más sexy que fumar marihuana mientras tienes un orgasmo?

Puedo ver las estrellas, el viento entra por la ventana y levanta ligeramente mi cabello. Tengo mis piernas encima de ti, alguien más me hace morder una manzana, cruje en mi boca, “esto es poesía” dice y el universo se expande en mil colores.

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Solo necesito una noche para poner mis piernas sobre las tuyas

Yo mirando la pantalla del celular, con lágrimas en los ojos, pidiéndole que nos viéramos por última vez, que necesitaba hacerlo para poder sentirme mejor, para poder seguir con mi vida. Tú, negándote, como si hacerlo te diera más poder para destruirme.

Quería despedirme porque necesitaba sacarlo de mi cabeza, porque cada vez que salía con alguien ahí estaba y tenía miedo de traicionar lo que sentía. ¿Habrá imagen más patética de mi?, esa en donde casi le ruego que me deje verlo, que no se aleje, que lo necesito cerca, que ahora no puedo sin él; y en medio de eso ver un túnel profundo en donde lo veo irse más lejos.

Pienso que lo único que quiero es no molestarlo, sé que el está feliz y que puede prescindir de mi. Me aterra estar perdiéndote, porque en algún momento pensé que éramos para siempre, ya no sé que sinónimos usar para decirte que no te quiero fuera de mi vida, pero tu te has encargado de alejarme, lo haces muy bien.

No sé con quién platicar sobre mis ataques de ansiedad, las manos frías, el dolor en el pecho, el llanto repentino; sé que me puedo acostumbrar a eso, no me puedo acostumbrar a la idea de perderte para siempre. En mis mensajes intento explicarte, intento que entiendas que necesito unas horas contigo, así abrazados sin decir nada, intento hacerte entender que solo quiero sentir tu respiración en mi espalda y acariciar tu mano, no quiero nada más; ni que me pidas perdón, ni que me des explicaciones. No quiero que te des cuenta de lo mucho que duele, porque sé que no te importaría, no quiero cambiar nada, metafóricamente, te necesito conmigo para siempre, como alguna vez lo prometiste.

 

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QUIÉREME

Me gustan tus mentiras, las disfruto, son como ese pedacito de pastel que queda al final de las fiestas, aunque la verdad no me gusta el pastel. Lo que si me gusta es perder el tiempo pensando en ti y en que me quieres, aunque no sea cierto. No tuvimos muchos momentos juntos quizá por eso guardo cada detalle, me da miedo que pronto empiece a olvidarlos.

Me sigue entristeciendo tu traición y es que ni con las verdades crudas  te puedo sacar de mi cabeza. Estoy esperando algo, no sé exactamente qué. Muchas veces en la madrugada me llega la terrible idea de no volverte a ver nunca más, aprieto los dientes, doy vueltas en la cama y entonces pienso que a ti no te importaría y me vuelvo ansiedad y miseria porque últimamente no soy otra cosa, se me nota.

En el fondo sé que soy yo dándote todo y no me importa, no me importa que me ignores todo el día, no me importa que me des cachitos de atención, no me importa que me respondas con monosílabos, no me importa tu manera tan sutil de decirme que no quieres nada de mí y que me vaya a la mierda, porque todo eso entiendo.

Estoy cansada de mis monólogos de autoayuda, de decirme que soy una estúpida, de recordarme que no me quieres, ni me quisiste, de reiterarme que todo fue mentira, una mala broma de la vida.

La otra vez soñé que te veía y que nos quedábamos dormidos en un pedacito de sofá y no me soltabas la mano hasta muy tarde. Me gusta navegar por esos sueños, no me queda más que eso, eso y pedirte que me quieras.

 

 

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NUNCA EXISTISTE

Eres el tipo de persona que me enseñó que la maldad existe, de esas que dejan una huella imborrable y no para bien. Eres la persona que actuó con alevosía, que esperó sigilosa para poder atacar por la espalda, como los animales que tienen hambre y buscan una presa.

Te amaba tanto que de verdad creía que éramos infinitos, te conté cosas, te dediqué textos; después del otro pendejo a nadie más le volví a dedicar nada, PERO APARECISTE. Te dije cosas por teléfono que jamás me atrevería a contarle a alguien más, te di todo el amor que ni siquiera sabía que existía, te dije que contigo lo tenía todo y no quería más, le dije a mi madre que te amaba con todo el corazón, que me hacías feliz, en mi cabeza estuve planeando qué comprarte para sorprenderte, compré vestidos, me puse bonita los fines de semana, ahorré dinero para tu regalo de cumpleaños, también te conté que me habían lastimado y que no estaba dispuesta a sentirme así otra vez, te lo dejé claro, te escribí mensajes de madrugada para decirte que tenía miedo, que me asustaba perderte y como si nada, contestaste: NO TE PREOCUPES, NO VA A PASAR. Y PASÓ.

El día que terminaste conmigo, con un pinche mensaje, tan frío, ensordecedor, esa misma mañana pisaste todos los “te amo” te valió madres si me dolía, incluso no te importó que fuera más doloroso hacerlo con un mensaje. No te importó todo lo que repetí cientos de veces. Dijiste que te sentías mal, que no querías nada; fuiste un egoísta porque a la semana ya habías conocido a alguien más y esa es la más grande traición de todas, la que más me lastimó, la que jamás hubiera querido saber, pero eso me hizo darme cuenta la clase de persona que eras.

Sí, me hiciste volar alto, me diste los mejores días de mi vida después de una vida de mierda, de una vida en la que estaba destruída moralmente, de aquella en donde me volví pequeñita, fea y más fea. Fuiste poco humano, jugaste con todo lo que tuvimos, jugaste conmigo y con todo lo que prometimos. La decepción más grande todas fue darme cuenta que esa persona que me hacía reír todas las mañanas, esa persona a la que le fui honesta todo el tiempo, NUNCA EXISTIÓ, fuiste solo un simulacro, un engaño y yo fui una más de tu lista, de la que igual no sientes orgullo, pero sí, fui una más que te creyó todo, una más a la que dejaste lastimada.

Por mi parte puedo decirte que los sentimientos de las personas no son para jugar, que no soy un objeto que cuando no sirve puede ir directo a la basura. Ahora empiezo este camino de reconstrucción, de insomnio y de llanto callado, vienen días muy difíciles.